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Coia Valls: “Quería escribir esas historias que podían producir pequeños milagros”

Sábado, 16-06-2018   Mayte Bonilla Castro    Jose Ramón Vera
Fotos: ©xrtrigo

Durante unas horas se ha publicado por error el archivo de la transcripción de la entrevista, en lugar del archivo correcto. Pedimos disculpas a nuestros lectores y a Coia Valls.


Hoy nos acompaña Coia Valls, escritora, actriz, dramaturga. Su primera novela La Princesa de Jade ganó el premio Néstor Luján de novela histórica.  Uno de sus últimos trabajos es Si tú me escuchas.

¿Escribes desde niña?

Una cosa es escribir y otra publicar, como muy bien sabes. Escribo desde que recuerdo. He escrito por diferentes motivos, supongo que tampoco es nada original. En mi caso porque tuve plena conciencia de que la palabra era una herramienta salvífica. Cuando era muy pequeña los primeros recuerdos que tengo son de mi abuela que estaba muy enferma, y son que cuando yo leía, ese era el momento en el que ella relajaba el rostro. Pensé que realmente no es tanto por las historias como por el poder de la palabra. Empecé a leer y luego pensé que quería escribir esas historias que podían producir pequeños milagros. Luego escribí por la experiencia y el placer de escribir hisotrias. Despues en la adolescenccia escribes porque de alguna foma es una catarsis. Y más tarde escribes para explicarte a ti misma, para organizarte. Yo creo que ahora escribo un poco para seguir viviendo historias y vidas que me es imposible experimentarlas en una sola vida, y escribiendo sí puedes recrearlas y ponerte en la piel de muchímos personajes.

Eres escritora, dramaturga, actriz ¿En qué papel te sientes más a gusto?

Bueno, yo tengo la sensación que todo ello son vasos comunicantes. Que alguien que de alguna forma basa su vida en el arte, en la magia de seguir aprendiendo y de beber de muchos campos, pues al final si escribes te facilita que despues puedas hacer guiones. Si haces teatro eso te retroalimenta para la creación de personajes. O si tienes experiencia en cine, la forma en que la cámara ve los escenarios o abre el objetivo o hace un travelling y muestra o hace un travellig invertido y de alguna forma centra la atención en alquel objeto… Creo que beber de diferentes disciplinas se hace que se alimenten mutuamente. Pero yo me considero sobre todo escritora.

castellà

Tu perspectiva irá cambiando también porque primero escribes la novela, después la adaptas al teatro y además actúas en ella.

Creo que si algo te gusta no te importa invertir mucho tiempo en ello porque realmente es tiempo vivido. A mi me fascina acabar la novela y pensar en escribir el guión, buscar actores, actrices y músicos. Porque normalmente en las representaciones también juego con diferentes disciplinas para llegar a los espectadores desde diferentes sensaciones: desde el oido, desde la palabra, desde el silencio… Y creo que todo esto te hace crecer e inviertes en ser mejor y en que tu próxima obra tenga ese poquito más de ti.

Tiene que ser una experiencia de inmersión total en los personajes, desde que escribes la historia hasta que lo actúas en ella.

Es una experiencia vivencial. La palabra es experiencia. Es algo que ya forma parte de lo vivido. Como decía Borges: “no sólo somos solo aquello que vivimos, si no también lo que soñamos, aquello que nos dicen, aquello que leemos, las películas que vemos”. Muchas veces en la memoria todo se invierte, se mezcla y todo este bagaje forma parte de ti.

Has tocado varios géneros, pero principalmente has escrito novela histórica, ¿por qué precisamente novela histórica?

La verdad es que no tengo conciencia de haber elegido escribir novela histórica. Pero es cierto que mis seis novelas son históricas. Estoy a punto de publicar la séptima novela histórica también, y si todo funciona como tiene que funcionar saldrá, en noviembre. Ahora estoy dándole los últimos retoques, para empezar con el editing, pero es cierto que mi obra se conoce más por la novela histórica porque es a lo que más me he dedicado, pero no soy consciente de haber decidido. Yo creo que en un momento dado me interesa o un personaje, o un episodio, o un espacio en el que sucedió algo y allá que me voy. Creo que soy un poco intrépida en este sentido porque luego me encuentro con unos marrones impresionantes (risas) Pero me puede la curiosidad.

Entonces, te iba a preguntar cual es tu época favorita para situar una historia, simplemente algo te llama la atención ¿no?

No. No soy una escritora trepidante. Mi literatura no es trepidante. Yo creo que mi literatura es como yo, intensa. No se le puede gustar a todo el mundo y yo intento ser honesta. Me interesa profundizar en los personajes. Me interesa muchísimo el paisaje como un personaje más que interviene. Es el escenario que abriga o que escupe a propios los personajes. Y me interesan experiencias concretas de la historia. Mi última novela es Etheria, yo pensé, una peregrina del siglo VI que realmente era una mujer a la que no le faltaba de nada. Una dama que no tenía por qué salir al camino y ponerse en según que situaciones. ¿Qué la tenía que mover? ¿Qué sucedió en su cabeza? ¿Qué deseos ocultos la llevaron a esta grandisima aventura? Y allí que me voy. Entonces intento pisar esos escenarios. Hacer el recorrido de verdad, el recorrido físico que hicieron mis personajes y eso también es otra aventura vital.

Tus protagonistas femeninas, son fuertes, decididas y en épocas en las que esto no era frecuente, como en La Cocinera, por ejemplo.

Claro, de alguna forma son estas mujeres las que nos quedan, porque todas las demás permitieron que ellas de alguna forma se distinguieran. Hay tantas y tantas mujeres que continuaron con la estructura de sociedad cuando los hombres se iban a las guerras. Eran mujeres anónimas, que sin ellas estas estructuras no podría haber seguido. Por eso las que se diferenciaron, las que se distinguieron yo creo que sí que merecen pararse a escucharlas y que nos cuenten aquello que quisieron decir. Y otras mujeres no tenían nombre y de alguna manera las significas en tus novelas.

En uno de tus últimos trabajos Si tú me escuchas, hablas de la importancia de la empatía ¿piensas que se está perdiendo?

Si tú m’escoltes, Si tú me escuchas, en castellano, ésta me la traduje yo… Creo que la empatia es algo a reivindicar siempre. Que es una cualidad con la que nacemos pero que se puede trabajar muchísimo. Y eso te lo comento desde mi preparación, soy pedagoga terapeuta. Es una forma de poner el acento sobre la teoría de la Gestalt y en la programación neurolingüística. Siempre he trabajado con niños o adolescentes o adultos diferentes. Y en esa etiqueta muchas veces la sensibilidades son muy distintas. Y ese tiempo que necesitan ellos para que tú los escuches, de alguna forma te enseña que hay que estar allí con todos los sentidos abiertos; y que escuchar no quiere decir hacer un juicio de valores, ni intentar poner una falta cuando el otro habla para convencer. Necesitas una predisposición y creo que esto nos hace falta a todos muchísimo. Y que todas nuestras relaciones: padres-hijos, parejas, amigos, se verían beneficiadas si tuviéramos esa habilidad más desarrollada.

¿Qué piensas de las nuevas tecnologías en el ámbito de la literatura?

Yo utilizo las tecnologías, básicamente las redes sociales. Soy muy fan de las redes sociales. Bien utilizadas a mí me han ayudado muchísimo para llegar a posibles lectores, a los que no hubiera podido llegar de otra forma. No solo para llegar a ellos, sino para tomar el pulso de tu propia obra, porque con muchísima más facilidad te hacen llegar sus opiniones y para mí eso es importante. Es salir de ti para que los otros puedan opinar con la libertad que además favorece el anonimato. Es otra escucha. Para mí las redes sociales o la tecnología son una herramienta que bien utilizada es muy potente. Si hablamos de autoedición, desde el no haber participado de esta experiencia es fácil opinar porque no es mi caso, y no lo haré. Yo he trabajado con editorial y pienso que el filtro de un editor es interesante, pero no se puede generalizar porque después hay buenos editores, malos editores, buenas editoriales, otras que se mueven por modas. Hay muchísimos escritores que quieren dedicarse y no tienen una oportunidad y que allí ven la forma. La generalización para mí es siempre muy engañosa. Yo utilizo la tecnología para acercarme a mis lectores. Me gusta tomar el pulso de mi propia obra y ser cercano. Y conocer también qué hacen mis compañeros.

¿Cómo ves el panorama cultural ahora?

No sabría qué decirte. Soy optimista por naturaleza entonces yo pienso que lo que esté en mi mano hacer es lo puedo aportar. Sobre todo, hacer lo que haga dando lo mejor de mí. O sea, siendo muy exigente. Hay que hacer buena literatura. Hay que empeñarse en ello y hay que seguir insistiendo. Hay que enamorar con lo que escribes. Cuando escribes y cuando no escribes porque eres escritor las veinticuatro horas. En mi caso pienso que acercándome al lector desde diferentes puntos de vista, desde el teatro, desde la música, desde clubs de lectura, desde lecturas dramatizadas. Intentar enamorar desde diferentes facetas. Y en la escuela incentivar la lectura en voz alta, porque los niños prefieren quedarse a escuchar cuentos antes que coger una tablet. Pero tienes que invertir tu tiempo y establecer una comunicación empática, real y sincera. O sea, como decía antes, hacer lo que esté en nuestras manos… Y lo demás, no estamos en nuestro mejor momento pero todo es cíclico. Hay que insitir en hacer bien el trabajo, insistir en ser honestos y en el valor de la palabra.

Lo más duro para los escritores suele comenzar cuando acaban la obra e intentan que alguien les preste atención, ¿cual fue tu experiencia?

Yo tuve mucha suerte de que saliera mi primera novela porque empecé a publicar muy tarde. Me dediqué a vivir, a criar a mis hijos. Un trabajo muy duro con mellizos (risas). Además escribía prosa poética, escribía fragmentos, escribía haikus. Pero una novela tiene una estructura muy grande que requiere de mucho tiempo. Se necesita mucha energía. No puedes decir ahora me pongo media hora, o dispones de cuatro horas o nada. Luego salío mi primera novela, La Princesa de Jade, y ganó el premio Néstor Luján de novela histórica y ahí me deslicé y tuve suerte. Fué todo mucho más sencillo. Luego me propuse prácticamente hacer una novela al año. Esa salió en 2010, en el 2012 salió El Mercader, en el 2014 salió la próxima y así. Fue un esfuerzo enorme para hacerme un huequecito, ¿no? Pero tuve suerte. Además tengo unos lectores muy fieles, los cuido mucho, pero son muy fieles. Y eso ayuda, pero claro, tienes que tener la oportunidad.

¿Qué proyetos tienes?

Mi próximo proyecto es una novela que saldrá en noviembre, que es una novela histórica. Saldrá con RamdomHouse, en Rosa dels Vents en catalán y en Grandes Novelas en B en castellano. Saldrán al mismo tiempo. Es una novela que la que he estado trabajando dos años y medio. Utilizabas antes la palabra inmersión y cuando la veas entenderás por qué es una inmersión. Puedo adelantar que me he acercado más a los tiempos actuales, se sitúa en el siglo XIX. Y me ha permitido viajar a una ciudad que me encanta. Realmente ha sido todo un aprendizaje. Y estoy muy contenta.

¿Quieres añadir algo más?

Quería agradeceros estos puentes que tejéis entre escritores y lectores.

Gracias a ti por dedicarnos tu tiempo.

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