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Ricardo Fité: “Me llama más la atención la vuelta al mundo en un 600 que en un 4×4 bien preparado”

Sábado, 23-02-2019                 Mayte Bonilla Castro

Nos acompaña Ricardo Fité, autor de No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto. También podéis saber más si visitáis su blog: No le digas a la mama.

¿Cómo fue empezar a recorrer el mundo en moto?

Yo de pequeño había viajado con mis padres, en los ochenta. Viajábamos con un Simca 1200 o con una furgoneta a Andalucía, al Pirineo… También con un Renault 5… con coches de aquella época. Así crecí en un ambiente que cuando íbamos de vacaciones no importaba dónde ibas a dormir. De hecho yo recuerdo que mi padre gritaba: “A la aventura” y a mí me parecía un auténtico Indiana Jones.

Y de mayor quisiste seguir viajando.

Si de pequeño te van enseñando una cosa así, te va quedando. Luego me compré una moto porque me hacía falta, porque de hecho me daban miedo las motos y todavía me dan. Compré una moto y un día casualmente un amigo mío me dijo que estaba a punto de tirar un montón de revistas de Solo moto. En ella había una sección que se llamaba La gran aventura, en la que se hablaba de gente que con su moto de toda la vida hacían auténticas gestas. Recuerdo que uno con su vespino se fue a Cabo Norte, una pareja se fue con motos de 50 centímetros cúbicos hasta Tamanraset en el sur de Argelia. Eran artículos muy románticos con un punto rebelde, inquieto. Y pensé si con la motillo que yo tenía podía hacer algo así. Un año me fui al Pirineo porque no tenía dinero. Me fui con una Yamaha Special y me gustó la sensación de estar en la carretera con la moto. La sensación de libertad que me daba visualizarme y pensar que de algún modo yo era también uno de ellos, de los de la Gran Aventura… Con el tiempo compré una moto más grande, que es la que tengo ahora. Yo había ido a Granada varias veces, a Madrid un par de veces, a una concentración en el sur de Francia; y pensé “esto de los artículos lo podría probar”. Me decidí y me fuí a Marruecos. Fui con la sensación de ver si me gustaba, porque podría ser que descubriera que no era para mí. Fui y acepté la invitación de los lugareños y me fue bastante bien… Me gustó. Al año siguiente viajé a Turquía, pero hasta el monte Ararat. Aquello estuvo muy bien, pero fue demasiado intenso… Encuentro con los malos, con la policía… Todo muy intenso. Entonces al volver pensé: “esto de viajar en moto está muy bien, pero ahora es mejor hacer un viaje fácil, para paliar la asociación de ideas que traigo”. Y me fui a Cabo Norte… de camping… Europa es Europa… Y al volver pensé que quería hacer algo más largo. Dos años más tarde me fui a Mongolia porque quería hacer algo más serio.

¿Cómo llegaste a participar en el rally de Mongolia?

512s8gzaiFLSe juntaron los astros… Estaba cada vez más inquieto porque había pasado dos años sin viajar por el tema ecómico. Cada vez leía más y aparecía en redes sociales en aquella época… La gente iba colgando cosas. Y salió el documental aquel… La serie de Ewan McGregor y Charley Boorman y claro, empezarmos todos a contagiarnos… Y un día de casualidad descubrí esto del Mongol rally que es un rally benéfico. Y fue viendo videos con los amigos y tomando cervezas en casa. Coches de baja cilindrada, a todo trapo por las pistas de Mongolia, motos pequeñas que no son para eso… A mí me gusta la vuelta al mundo en Seiscientos… Me llama más la atención que la vuelta al mundo en un 4×4 bien preparado.

¿La idea del libro surgió durante el viaje o fue a raíz del documental?

Mi hermano trabaja en televisión y cine. Ahora mismo va a hacer de director de la serie Merlí en TV3. Aquel año tuve suerte cuando volví del viaje, pues él me dijo: “dame estos videos que has grabado a ver si hacemos algo”. Y entonces él hizo el documental. Eso fue un punto de suerte que ya no lo he vuelto a pillar. Tengo material acumulado de todos los veranos, pero ya no lo he vuelto a pillar. El libro… Cuando llegué empecé a escribir y mientras escribía, que aún no tenía título, mi hermano me adelantó. Acabó el documental y le puso título. Y cuando tenía el cartel del documental, que es la portada del libro, vino todo un poco seguido. Acabé de escribir lo repasé lo justo la primera vez… De hecho hubo un punto que pensé “esto no se va a editar… Esto es un rollo”… Los artístas, ya sabes: “soy un farsante”… La primera edición fue un poco más desastrosa porque estaba a falta de una revisión muy exahustiva. La segunda fue ya con un poquito más de amor con la editorial Diéresis.

¿Cómo fue lo de publicar el libro? ¿Te costó?

Lo de esperar que una editorial apueste por ti se ha acabado. Eso es cosa del pasado porque esto ha cambiado, ahora que tienes la autopublicación en Amazon. Yo primero probé, llamé a puertas, porque entonces aún no sabía que existía la autopublicación. Hubo una aproximación con una editorial. Antes de tener la reunión con la editorial esa, busqué por Internet asesoramiento para editores y encontré a Mariana Eguaras, y tuve una reunión con ella. Me preparé bien la reunión con todas las preguntas y se las mandé. La reunión fue para responder a esas preguntas, del tipo: ¿qué duración debe tener un contrato? ¿qué debe preocuparme de un editor? ¿qué debo preguntarle? ¿cómo un editor puede demostrarme lo que ha vendido? Cosas que nos pueden preocupar a la gente que empezamos. Y hubo un momento que con ese primer editor no me entendí, no me sentí cómodo. Era como si él fuera el amo y yo el esclavo, como si él estuviera un poco por encima y yo estaba muy incómodo en esa postura y dije: “no, éste no”. Entonces llamé a a Mariana y me dijo: “mira, te lo cuelgo en Amazon. Esto es un servicio que yo hago. Dame el documento de word, te lo transformo en libro, te lo maqueto y lo metemos en Amazon con su código de barras y su código ISBN. Entonces imprimo el libro a la carta.. Tú me pagas un dinero y me das tu número de cuenta para que los ingresos de Amazon vayan directamente ti”. Fue así, y fue bien. Y entonces con todos los comentarios positivos, editorial Diéresis que iba un poquito buscando nuevos autrores, se pusieron en contacto conmigo y me dijeron: “este libro que tienes nos ha gustado, lo podemos corregir y publicar”.

¿Qué experiencia de tus viajes te ha marcado más?

Así en general… De historias podríamos estar un día entero o dos… Te puedo decir que yo soy de aceptar invitaciones de la gente… Me da miedo acampar en cualquier sitio. Lo aprendí a hacer en la Unión Soviética. Lo que hago es que me meto en la granja y pregunto si puedo montar la tienda… En África hablo en francés, en Rusia, hablo un poquito de ruso… Me puedo defender. Entonces sí que me acuerdo que en una de las granjas que estuve este verano en África me chocó mucho… Fue en Mali, que era gente muy pobre. Se nos hizo de noche, no veíamos absolutamente nada. Empezó a llover muchísimo. Suerte que la tienda ya estaba montada. Ellos me ayudaron a montarla.Empezaron a aparecer niños en una especie de techo que teníamos allí… Los pollos también entraban en el sitio ese. Nos sentábamos en unos troncos. Todo muy pobre… Los niños, descalzos, muy sucitos… Y hubo un momento que teníamos allí catorce niños mirando. Imáginate, yo era la estrella allí… Unos cuantos adultos también llegaron… Cociné el kilo de arroz que llevaba y le puse una lata de atún para que supiera a algo… Empecé a repartir aquello alumbrados solamente con la luz de la linterna y repartiendo arroz con todos mirando; y te confieso que pensé que si alguien pudiera poner una pausa y preguntarme: “¿te gusta ver esto? ¿qué esperabas ver?” Me sentí invasor de la intimidad de aquella gente. Esa fue una cosa que me resultó dura, no me gustó. Aunque estuve con ellos y tengo muchísimo que agradecerles, aunque aprendes mucho y todo eso, pensé que se me había ido un poquito de las manos el hecho este de querer convivir con ellos. No me sentí cómodo al estar yo tan saludable, teniendo tanto dinero comparado con ellos. Eso me impactó. Durante unos cuantos días se me repitió esa imagen. Luego otras cosas en positivo, sí puedo decirte, y acabamos mejor esta pregunta… Te sorprenderías de cómo en la Unión Soviética llevan hasta el final el concepto de hermandad entre motoristas. Donde se suponen que son más fríos, que son más cerrados porque no quieren que les invadan… Te sorprendería como te paran y te preguntan de donde eres, si tienes algún problema con la moto… Si dices. “se me han roto los frenos”, contestan: “ven, yo tengo un amigo que los puede mirar… ” Y se quedan contigo hasta que los arreglan. A partir de ahí tengo muchísimas anécdotas. Recuerdo una que aparecí en una concentración de motos de pura casualidad. Un día que estaba ya derrotado y paré a una pareja, allí en Ucrania, y me dijeron que estaban todos los motoristas en un concentración a cincuenta kilómetros. Y fui… Se alegraron tanto de que fuera un europeo, uno que venía de tan lejos, que pararon el concierto, me hicieron subir al escenario y saludar allí. Saludé medio en ruso… Fue una anécdota muy divertida.

¿Qué país te gustaría visitar o recorrer en el futuro?

Ahora he cambiado la forma de viajar y ya no viajo con la moto que uso aquí en Barcelona. Lo que he hecho este año ha sido comprar una moto vieja, una moto del 91. Es una moto ligera, es un poco más para caminos y si se cae, no pasa nada. Este año he ido desde Barcelona hasta Angola. He dejado la moto en casa de una familia y después este verano, si todo va bien y salgo de la bancarrota, lo que quiero es ir a Angola y coger la moto. Quiero estar unos cuatro o cinco veranos más dando vueltas por África.

¿Tienes en proyecto hacer otro libro o documental?

Sí, No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto está funcionando bien. Y ahora para Sant Jordi tiene que estar en el mercado Los cinco veranos en moto, que es como se va a llamar el siguiente libro. Salvo cambios de última hora, empezamos con los cinco veranos… Ni tan siquiera mi editor sabe que le quiero llamar así (risas), pero sería raro que se cambiara. En todo caso el libro está en editorial Diéresis en fase de corrección. Y de África por supuesto tiene que salir algo. Cada vez le estoy cogiendo más el gusto a escribir, me rio mucho escribiendo… Cada vez me lo paso mejor. Y también No le digas a la mama que me he ido a Mongolia en moto está traducido ya al alemán y al inglés.

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