Presentamos

Carmen Cuevas: “En mi juventud me faltó un punto de valentía para empezar a escribir antes”

Miércoles, 12-06-2019               Mayte Bonilla Castro

Hoy nos visita en el espacio de entrevistas del miércoles, Carmen Cuevas, autora de la novela Calle del Carmen 21.

Tu profesión, eres licenciada en Ciencias Físicas, no tiene nada que ver con la literatura, ¿de dónde viene esa pasión o esa necesidad por escribir?

Yo siempre he sido una gran lectora, desde muy pequeña, desde antes incluso de aprender a leer ya sabía de memoria los cuentos que escuchaba en un pequeño tocadiscos que había en mi casa. Y esa pasión por la lectura ha tenido periodos de mayor o menor intensidad en mi vida, pero es algo que siempre ha viajado conmigo. La otra cara de esa moneda es la propia creatividad. Sin embargo, la creatividad es difícil, yo diría que dura en ocasiones, y entender cuáles son los mecanismos capaces de moverla, de incorporarlos a tu día a día, es algo que requiere tiempo. Escribir de verdad, ser capaz de contar una historia de principio a fin con todas las tonalidades que necesita, requiere aprendizaje, recorrido, requiere experiencias y una mirada muy personal, y todo eso a mí me lo han dado los años. Aunque debo reconocer que en mi juventud me faltó ese punto de valentía que me hubiera empujado a empezar a escribir antes.

¿Crees que las nuevas tecnologías favorecen al autor novel o generan más problemas que soluciones?

Las nuevas tecnologías han cambiado tanto el mundo, que no creo que hoy en día quede un solo autor que escriba sus novelas a mano como podía suceder hace tan sólo un siglo. Y si alguno dijera que lo hace, en seguida lo tacharíamos cuando menos de excéntrico. Las nuevas tecnologías han cambiado el mundo y han llegado para quedarse, nos guste o no. Por eso yo creo que no debemos hablar de si son buenas o malas, sino que debemos pensar la manera en que esas tecnologías pueden aportarnos ventajas. Por ejemplo, nunca antes de ahora el escritor ha tenido tantos recursos al alcance de su mano. Tenemos que saber aprovechar estas circunstancias que nos han tocado vivir.

¿Qué opinas de la autopublicación?

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Carmen Cuevas

Yo no la he utilizado porque en mi caso encontré un agente literario y una editorial que apostaron por el libro, pero creo que en este momento la autopublicación está convirtiéndose en un nuevo modo de trabajar en el mundo literario que no podemos obviar. Ahora bien, si por un lado puede constituir un canal de comunicación directo con el lector, por otro lado existe el riesgo de que, al trabajar sin el filtro de las editoriales, no se cuiden los niveles de calidad que debe tener una buena obra. En los últimos años han surgido muchas empresas que sólo buscan el dinero de los autores y no estoy segura de que todo el mundo que autopublica sepa el trabajo que requiere sacar una buena edición adelante, incluida la edición, la corrección y la posterior promoción. Y se corre el riesgo de saturar el mercado.

¿Quiénes son tus referentes literarios?

Es difícil hablar de referentes porque cada lectura, a su manera, siempre aporta algo. En el género negro, la serie de novelas de Henning Mankel y su inspector inspector Kurt Wallander siempre me han gustado. Si tuviera que elegir una diría, Asesinos sin Rostro. Los libros de Ferdinand Von Schirach, Crímenes y Culpa, son tan auténticos que ponen la piel de gallina. Quizá sean estos autores capaces de plasmar la realidad tal y como es los que de verdad me gusta leer. Por eso pienso que Patria de Aramburu es un libro que hay que leer. Podría decir también La carretera de Cormac Maccarthy, 1984 de George Orwell o Conversación en la Catedral de Vargas Llosa.

¿Tienes un método concreto de trabajo?

Intento ser todo lo metódica que puedo en cuanto a la definición del armazón de la historia y al desarrollo de los personajes. Especialmente en la novela de este género, donde el lector está esperando cada detalle y cada giro para sacar sus propias conclusiones, no se pueden dejar los acontecimientos al azar. Pero siempre, incluso en una novela negra, hay que dejar ese espacio para que las historias te sorprendan y eso es en realidad lo bonito de la creación literaria, descubrir lo que todavía tiene oculto lo que estás contando.

¿Por qué precisamente novela negra?

La novela negra siempre ha tenido para mí un encanto especial. Quizá sea ese reto que se plantea en las primeras páginas, ese ser capaz de descubrir al asesino antes de llegar al final, lo que más me ha atraído siempre. Yo creo que esta característica crea una complicidad muy especial con el lector aunque, al mismo tiempo, hace que sea un género difícil para los escritores. Hay que trabajar los mismos elementos que en cualquier novela, el tono, la estructura, los personajes, los escenarios, pero además, para que funcione, hay que conseguir ese engranaje casi milimétrico en que al final todo encaja. Y si no se sabe estar a la altura, la decepción que se deja en el lector es mucho mayor que en otros géneros. Con los años me di cuenta además de que la novela negra puede aportar una imagen muy real del mundo en el que vivimos, muchas veces rutinario, desesperanzado, gris. No vivimos en un mundo de héroes, eso hay que dejarlo para las películas. Nuestros mundos son mucho más reales y mostrarlos tal y como son nos hace más humanos, nos enseña que no estamos solos y lo tremendamente importante que es luchar cada día.

Háblanos de Calle del Carmen 21.

La novela surgió de una imagen, de una situación real en la que hombre de una gran corpulencia física fue encontrado por la policía muerto en su propio piso, después de muchos días en que nadie notó su falta. De hecho, había pasado el tiempo suficiente como para que no fuera muy agradable estar allí. Esa escena para mí contenía el germen de lo que tenía que contar. Algo que empieza hablando de esa soledad tan impactante que nos rodea, precisamente en el momento en que estamos más conectados que nunca, y termina mostrando una realidad que puede estar sucediendo ahora mismo en cualquier barrio de nuestras ciudades.

¿Cómo es el Comisario Cabarga?

El comisario Cabarga es un policía con muchos años de experiencia en homicidios, un hombre que ha conocido la vida muy de cerca y que todavía tiene muchas cosas que contar y que enseñarnos.

¿Tienes pensado abordar otros géneros literarios?

Ya lo hice con mi primera novela La última frontera y probablemente vuelva a hacerlo más adelante.

¿Qué proyectos tienes en estos momentos?

Ahora estoy escribiendo un nuevo caso del comisario Cabarga, que está bastante avanzado y espero tener acabado este año. Se titula El reloj oriental y es una novela muy actual, ambientada en el año 2.010, en plena crisis económica. En esta novela hay una compra de una empresa en quiebra por parte de un holding extranjero. Hay dinero público, apropiación indebida, chantaje y evasión de capitales. Hay una muerte que trata de parecer natural y dos culturas distintas, dos formas alejadas de entender el mundo que se ven obligadas a convivir juntas en un mismo espacio. Pero, sobre todo, está la existencia de doscientas personas que tratan de salvar sus puestos de trabajo y su forma de vida en medio de una crisis feroz. El dinero es el motor que lo justifica todo y que todo lo hace posible, y Cabarga no está dispuesto a que eso suceda una vez más.

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