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Octavi Franch: “Me di cuenta de que lo que más me gustaba de lo hacía artísticamente era escribir”

Miércoles, 22-01-2020           Sergio Bonavida Ponce

Hoy entrevistamos a Octavi Franch, escritor prolífico con más de cincuenta libros en su haber, de variada temática y género, con predominancia del thriller esotérico según él escribe en su biografía de la ACEC. Bienvenido.

¿Cuándo empezaste a escribir? ¿Qué o quién te impulsó a ello?

Empecé a aprender a escribir literariamente a los 27, una vez arrinconada mi faceta musical. Llevaba ya 6 años como artista multidisciplinar, escribiendo guiones de radio, de teatro y canciones. La música se comió la radio y el teatro y, al grabar mi primer disco, decidí dejarlo todo por aprender a escribir cualquier género en cualquier formato. Me di cuenta de que lo que más me gustaba de lo hacía artísticamente era escribir.

Has ganado bastantes premios: Alfons el Magnànim (Valencia), Josep Saperas (Òmnium Cultural), Premio novela breve Ciutat de Mollerussa. Háblanos un poco de ti. ¿Qué se siente al ganar tantos premios? ¿Qué recomendación darías a otros escritores que empiezan a escribir?

Bueno, he ganado más de 100. Para mí son muy pocos, ya que tengo colegas que han ganado más de 500. Para los nuevos, siempre y cuando tengan claro que escriben bien, pues participar en todos los premios que se pueden ganar, que no son todos evidentemente.

Te encuentras promocionando dos novelas: El cazador del arca y El último tiburón. Ambas son novelas de suspense, donde en la primera abordas la criptozoología y en la segunda creas una ucronía. Por la variedad de argumentos que tratas vemos que te gusta variar el tema de fondo de tus libros. ¿De dónde surge tu inspiración?

De hecho, ya he publicado dos novelas más: Hechizos de hojalata, de ciencia ficción, y Tatuaje en el alma, un thriller, y este mismo mes, mi antología de cuentos de humor negro Pellizcos y cosquillas. No creo en la inspiración. Solo creo en el talento y en el trabajo gracias al esfuerzo y a la formación adecuada, porque la imaginación se da por supuesta. Soy escritor porque no sé hacer otra cosa bien en la vida y, por lo tanto, es mi obligación moral hacia el lector y el espectador. Esto último lo menciono por mi faceta como dramaturgo y guionista audiovisual, tan importante como la de escritor de libros de todos los géneros en todos los formatos.

En tu novela El cazador del arca, se remarca el interés por la Criptozoología, disciplina que estudia la existencia de animales extintos, mitológicos o folclóricos. ¿En qué momento y cómo entra en tu vida la criptozoología?

De siempre, me ha interesado el mundo paranormal en todas sus vertientes. La criptozoología, junto con la mitología y la zoología extrema, siempre me han llamado la atención. Supongo que se mezcló mi pasión personal sobre el tema con el hecho de leer Parque Jurásico. Esa fue mi excusa para escribir mi primera novela, El cazador del Arca, primera parte de una trilogía inédita y adaptada a largometraje en su día por encargo de Guillermo del Toro.

En El cazador del arca es casi imposible empatizar con Otto von Matthaüs (nazi) y sus secuaces, un abanico de terroristas de la más variada índole. ¿Qué te llevó a escribir desde esos puntos de vistas, por lo general impopulares, y con los que el lector puede sentir cierto rechazo?

EL ÚLTIMO TIBURÓN cubiertaEl prologuista, Eusebi Anton, me comentó off the record que en esta novela los buenos son los animales. Creo que sí se puede empatizar con el villano de cualquier historia, como cuando hacemos todos, al menos yo, con Hannibal Lecter. Como escritor, necesito un reto cada vez que me enfrento a una nueva creación literaria, sobre todo cuando escribo novela. En este caso, siempre tuve muy claro al protagonista. Aunque, como es lógico, soy lo totalmente opuesto a un fascista terrorista, siempre me ha llamado la atención el universo nazi, sobre todo su estética, su orden, su pulcritud y su obsesión por lo oculto. Cabe recordar que la NASA se pudo tirar adelante gracias a los científicos alemanes que cruzaron el charco siendo perdonados por su genocidio. Pero bueno, alguno de esos secundarios malos malísimos también muere a manos de uno de los animales imposibles de la novela.

En el bestiario de El cazador del arca muchos seres que nombras: monstruo del lago Ness, unicornios, duendes, etc., en nuestro imaginario colectivo los dibujamos como seres pacíficos o amigables. Sin embargo, tu novela dibuja monstruos con su cara más brutal y sangrienta más allá de la supervivencia a las que les impulsa el protagonista de la novela. ¿Qué te llevo a alejarte de los estereotipos amables de estos seres?

Pues justamente que estaba harto de leer y ver una hipótesis que no me cuadraba para nada con los datos que había recopilado como civil. Un animal es un animal, viva donde viva y pertenezca a la era que pertenezca. Quizás los más bestias son el duende y la sirena, pero hay mucha información, incluso visual, al respecto y, por lo tanto, me baso en esa documentación.

En la ucronía, El último tiburón, se trata la independencia de Cataluña. A partir de un evento, «Referéndum de soberanía de 2017 con mayoría absoluta del Sí» (sic), y en la península existen dos estados, el Reino de España y Els Països Catalans, utopía o distopía, según el lector. ¿En qué momento exacto se te ocurrió iniciar esta historia? ¿Qué enciende la chispa para la creación de esta novela?

Practico la clarividencia literaria, es decir que todo lo que escribo, sobre todo en formato novela, acaba ocurriendo tarde o temprano. En este caso, ya había escrito y publicado una novela anterior sobre el tema, El sabor de la inmortalidad, en que en un futuro cercano ya se habla de esos hechos como el pasado reciente, aunque la trama principal es un homenaje a Blade Runner y nada tiene que ver con la novela que me comentas. A raíz sobre todo del inicio del llamado Procés, me di cuenta de que en esta novela, escrita en 2000 y publicada en catalán en 2003, se narraban muchos hechos cruciales que ya habían ocurrido en la realidad o estaban a punto de suceder. Por ejemplo, los dos referéndums, tanto el no vinculante como el vinculante, tuvieron lugar realmente en 2014 y 2017 respectivamente. Es decir que yo inventé solo uno, justo por esas fechas. Solo tenía claro lo que iba a ocurrir a partir de celebración de la consulta: un desencuentro total con el gobierno central con el riesgo de un choque físico de índole paramilitar. En cuanto a la chispa, fue la fotografía del capítulo 0, la cual existe. Mi abuelo paterno fue maquis y de ahí la novela, que no deja de ser un homenaje a ese abuelo mío que nunca conocí y a mi padre, su hijo, fallecido cuando yo tenía solo 13 años.

En ambas novelas existen múltiples personajes secundarios reflejos de los alter ego de políticos del mundo real, tales como: Artur Masies, Ismael Azafrán, Jordi Turó i Sol, etc. En tu particular cosmogonía, ¿los utilizas como heterónimos para hablar de la realidad? ¿Hace tiempo que se te ocurrió hacer esto? ¿Y por qué?

Estos que mencionas están claros. Pero algunos, gracias a mi clarividencia literaria, he ido descubriendo quiénes eran en realidad, como por ejemplo el vicepresidente Trueba, que lo vi como al ministro Acebes, aunque ahora podría ser perfectamente el diputado en funciones Abascal. Pero creo que Masies es más Puigdemont, Azafrán más Rajoy y Turó es y no podría ser otro que Pujol, porque su sombra es muy alargada y siempre lo será. Siempre he sido mucho de homenajes en los nombres de mis personajes. Al principio, sobre todo en El cazador del arca, utilicé una de mis pasiones civiles, aunque también profesional como periodista deportivo en activo que soy: el fútbol. En una presentación de mi cuarta novela, uno de los ponientes confirmó que había detectado en dicha narración hasta 30 personajes con nombre y/o apellido futbolístico. Tengo un listado de nombres y apellidos a utilizar, separados por sexos e idiomas. Esa es la base, pero siempre acabo improvisando y actualizando gracias a las reediciones y a las traducciones a otros idiomas de mi obra, principalmente el castellano. También hay que tener en cuenta que me chiflan los juegos de palabras, así que nunca hay un nombre, de lo que sea, gratuito en mi obra.

Además de intrigas políticas y de persecuciones policíacas, en El último tiburón se ven muchas pinceladas sobre arte, en concreto sobre pintura. ¿Qué gustos artísticos comparte Octavi Franch con el protagonista (El hijo del héroe del Llobregat)? ¿Te apasiona la pintura? ¿Algún otro arte?

Es mi faceta artística frustrada, aunque estoy convencido de que más temprano que tarde aprenderé a pintar lo básico y algo saldrá delante de un lienzo en blanco. Ahora cocino y, básicamente, decoro platos. Quiero decir que para mí la estética lo es casi todo, como el orden y la pulcritud. Volvemos al submundo nazi. Pintura sobre todo. Me volví loco de alegría en el Louvre echando fotos a «La Mona Lisa» y descubriendo los retratos casi fotográficos de Van Dijk, pero también en el Prado disfrutando en primer plano de la obra cumbre de Velázquez. Me apasiona lo que no entiendo, lo que no sé hacer. Siempre digo que los auténticos superhéroes son los funcionarios que salvan vidas todo el día: médicos, enfermeros, bomberos, policías, etc. Por eso también acostumbran a ser los héroes de mi obra narrativa, aunque también hay algún villano e, incluso, antihéroe. También soy un fanático de la arqueología gigantesca como las pirámides, etc. Pero todo esto se merece otra conversación.

Además de promocionar ambas obras, ¿qué proyectos tienes entre manos? Alguna pincelada sobre algún nuevo libro…

EL CAZADOR DEL ARCA cubiertaPues ya he acabado la promoción de Hechizos de hojalata y ahora empiezo la de Tatuaje en el alma, que será breve porque está al caer el libro de relatos que te comentaba y la reedición en catalán de mi tercera novedad literaria. Aparte, está pendiente de publicación este mismo año de otro thriller esotérico, La jaula de los no-natos y la reedición en catalán de El cazador del arca. Todo esto como mínimo, porque ahora mismo estoy publicando cuatro libros al mes de media. Hasta que no acabe de reeditar toda mi obra en catalán y la publique en castellano, cosa que como mínimo me llevará todo el año que viene, no puedo ponerme a acabar algo iniciado y aún menos empezar algo nuevo. Por ejemplo, hace poco me encargaron un ensayo futbolístico y está en cola. De hecho, para escribir algo por encargo de manera inmediata tiene que ser con adelanto económico, porque no me puedo permitir el lujo de dejar todo lo que estoy haciendo por algo ajeno. Entre las correcciones en catalán de la reediciones, las traducciones al castellano, los cinco artículos que publico a la semana, los rodajes de mis guiones audiovisuales, las representaciones de mis obras teatrales y atender a los medios de comunicación, me es muy complicado encontrar un hueco para escribir algo totalmente nuevo, aunque voy haciendo pequeñas piezas, como poemas, microcuentos, etc. Tengo más de 100 novelas pendientes de escribir, pero va ser muy complejo llevarlo a cabo en esta vida.

Al respecto de la literatura: ¿qué autores lees? ¿Tienes algún autor o autores de cabecera? ¿Qué libro clásico nos recomendarías?

Solo leo cuando me encargan una crítica o un informe de lectura, desgraciadamente. Mis autores de cabecera son King, Koontz, Harris, Crichton, Highsmith, Bradbury y Dick, sobre todo. El clásico que sigo recomendando es «Drácula», porque fue el primer libro que leí y la mejor novela de aventuras hasta la fecha.

Muchas de tus novelas han sido publicadas por editoriales. ¿En todas ellas el trato ha sido el que esperabas? De tus novelas, ¿hay alguna autopublicada? ¿Qué opinas de la autopublicación?

Partiendo de la base de que el 90% de mi obra publicada en catalán se ha tenido que reeditar, esto ya responde a tu primera pregunta. Muchas editoriales cerraron por la crisis y eso me perjudicó muchísimo, tanto a nivel económico como de consolidación en el mercado. Los siete años que estuve en fuera de juego por motivos laborales tampoco ayudaron al respecto, por supuesto. Volver fue difícil a nivel psicológico, pero gracias a mi entrada en las redes en 2017 he podido recuperar el tiempo perdido y, en muchos aspectos, como la publicación masiva en castellano, es infinitivamente mejor que en primera época como escritor profesional (1998-2008). Nunca me he autopublicado y nunca lo haré. En primer lugar, porque no lo necesito y en segundo lugar, porque no creo en ello. De hecho, siempre denuncio que es lo peor que podía pasar al oficio de escritor. Por culpa de la autoedición, es decir los servicios editoriales, cualquier persona puede firmar la autoría de un libro. Puedo poner muchos ejemplos, pero para no alargarme te pongo solo dos: una de mis facetas por encargo es la de ghost writer. Bien, he llegado a reescribir novelas con más de 60.000 errores ortotipográficos, es decir una media de seis por línea. El segundo ejemplo que te pongo es que los dos grandes grupos editoriales del país tienen su propio sello de autoedición; es decir que cualquier persona, por muy analfabeta que sea, puede pagar por tener un libro en el mercado, de manera preferente gracias al poder mediático de dichos holdings literarios, y que se venda de manera sistemática por delante de miles de libros redactados por escritores profesionales y publicados por vía tradicional. A esto me refiero cuando digo que repudio la autoedición. El otro día despachaba con una editora de Madrid y llegamos a la conclusión de que los libros, en las librerías, deberían estar separados ante todo por el tipo de edición. De esta manera, nos ahorraríamos muchos disgustos. Desgraciadamente, este fenómeno solo existe en la literatura.

Antes de despedirnos, nos gustaría darte las gracias por tu tiempo. Si quieres añadir algo más, por favor, te invitamos a hacerlo.

En primer lugar, gracias a vosotros por todo. Es muy difícil que un medio de comunicación haga caso a un escritor, así que ha sido todo un honor, un placer y un privilegio haberos atendido. Ojalá que muy pronto podamos volver a repetir esta maravillosa experiencia comunicativa a nivel literario. Un abrazo.

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