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Fernando Rueda: «La intervención en Irak cambió el mundo tal y como lo conocíamos»

Sábado, 25-07-2020              Mayte Bonilla Castro

Tenemos con nosotros a Fernando Rueda, periodista y uno de los mayores expertos en espionaje en España. En esta amplia entrevista nos presenta su libro Destrucción Masiva en el que, con formato true crime, reconstruye el asesinato de siete espías españoles destinados en Irak en 2003.

Has tardado muchos años en escribir este libro, Destrucción Masiva. ¿Por qué era tan importante contar esta historia?

En 2003, cuando tienen lugar estos acontecimientos, yo era subdirector de la revista Tiempo, por lo tanto ya era especialista en Servicios secretos. Desde los años ochenta llevo investigando temas de espías y en el 93 fue la primera vez que se publicó un libro sobre el tema, La Casa. Hasta aquel momento nadie había publicado un libro sobre el servicio secreto en España, fíjate, ¿eh? Cuando ocurren los hechos explicados en Destrucción Masiva a mí me llaman la atención especialmente. Había montones de cosas extrañas. Fue una historia que se me quedó grabada en el corazón. Primero como periodista, porque siempre quieres obtener respuestas y entender para poder contáselo luego a la gente; pero también había otra pulsión más importante, ¿no? Era que había un montón de espias que habían asesinado… Se me quedó la historia grabada y fíjate que desde 2003 hasta ahora habré escrito nueve o diez libros… O sea que iba escribiendo libros, pero siempre pensaba que había que contar esta historia bien contada. Investigaba con motivo del aniversario y también algunos compañeros periodistas ofrecían alguna luz, pero de repente me metía en más sombras… Hasta que llegó un momento en que dije ahora o nunca. Eso fue hace un año y pico y fui adelante.

¿Por qué fallaron tantas cosas en esa operación? 

4820Una cosa previa a lo anterior para entender la respuesta a lo que me preguntas. En ese momento he salido del Grupo Z y estoy libre y con motivo del décimo aniversario de estos hechos, lo que hago es que con mi propio dinero y con mi propio tiempo investigo, no tanto sobre lo que pasó, sino sobre quiénes eran estos agentes. Porque nunca hasta ahora se había contado quiénes eran los espías. Era secreto oficial y aún así que me lancé a contar una historia sobre ellos. Estuve recorriendo España visitando familiares, amigos, compañeros y lo que yo buscaba básicamente era por qué habían entrado en el servicio secreto, por qué habían sido destinados a Irak, si habían sufrido… Para mí era muy importante y es una parte muy importante de este libro. Pero cuando investigué eso me encontré con montones de cosas que no  buscaba. No tanto la personalidad que para mí era lo básico, sino detalles y datos que una vez pasados los años dejan de ser secretos y entonces entre lo que ya sabía y eso empecé a tener respuestas…

Se empezaban a esclarecer las cosas…

…y entre esas respuestas está que realmente fue un desastre la operación. Fíjate que me chocaba cómo pueden matar a siete agentes, porque a uno ya lo habían matado antes, pero a siete de una vez, ¿como puede ser? Hace años vi por televisión que hubo un accidente aéreo y en ese accidente murieron centenares de personas, y el presidente de la compañía salió y dijo: «vamos a cambiar los protocolos de seguridad». Y yo pensé: «pues los podían haber cambiado antes». Y eso mismo fue lo que me encontré en la investigación, que el CNI, después de este atentado en Irak, cambió los protocolos de seguridad. Y así me acordé y pensé: «los podíais haber cambiado antes». Entre otras cosas porque es el mayor reconocimiento de que los protocolos de seguridad utilizados en Irak fueron en todos los terrenos, un desastre. Ellos explican que en realidad era la primera vez que el CNI se ocupaba de la seguridad de las tropas en lo que realmente era una guerra (aunque el gobierno dijera que no, era una guerra). Ahí se equivocaron y cometieron errores incomprensibles como que no llevaran coches blindados. Es verdad que en la reunión previa había algunos que estaban a favor y otros que estaban en contra, pero esa no puede ser una decisión de los agentes, tiene que ser una decisión de ese protocolo de seguridad. Es decir, ¿como estando en guerra lo único que llevaban eran pistolas? Cuando se lee la narración que yo hago, es muy importante para enteder como a ellos les estan atacando con misiles y lo único que tienen que oponer son unas pistolas. Si ellos hubieran llevado coches blindados cuando les pillan por sorpresa en el primer momento del ataque no habrían matado a dos y herido de muerte a otros dos… Se habrían salvado. Es decir todo habría sido de una forma distinta. Y te digo, más allá de un cambio de destino del jefe de la operación, no hubo más. Nadie fue responsable de este gran fallo.

¿Por qué los enviaron de nuevo a Irak una vez que habían quedado al descubierto?

Todos estos años, e incluso al final de la escritura del libro, me quedó esa duda. A los responsables del CNI les pregunté exactamente lo que me preguntas tú a mí. Y me dijeron que -o yo saco la conclusión- ellos tenían a dos agentes, Alberto Martínez y José Antonio Bernal, que eran los que realmente conocían Irak. Eran los que se habían movido, los que habían hecho las fuentes… Eso es verdad que no es sustituible en dos o tres meses, porque las fuentes que ha captado una persona, si de repente llega otro, no tienen la misma confianza. Entonces el CNI dijo ahora van las tropas, tenemos que protegar a estos 1300 soldados, este no es el momento de quitar a Alberto Martínez y a Jose Antonio Bernal. Lo que hay que hacer es dejarles, porque ellos conocían los riesgos y sabían que estaban amenazados, porque cuando vuelven les amenazan directamente a sus teléfonos móviles. Incluso cuando matan a Bernal hay un informe que hace el servicio de seguridad del CNI en el que recomiendan que Alberto Martínez vuelva a España. Obviamente no volvió.

Me llamó la atención que enviaran a un agente a un país árabe sin dominar el idioma.

A todos los espías, cuando les dan un destino, no se reincorporan hasta seis o siete u ocho meses después. Entonces hacen unos cursos especiales de preparación y se ponen las pilas a estudiar. Ellos dominan el inglés. Es decir, cuando llegan no tiene idea de árabe. Esto en un true crime en el que las cosas que cuento son absolutamente reales, aunque digamos que está dentro de una novela. Cuando llega Alberto Martinez tiene que dar clases de árabe porque no puede ir con un traductor a cada una de sus reuniones. Él está durante un tiempo acudiendo a sus reuniones con el traductor, pero ellos se ponen a aprender árabe. Esto es normal en todos los servicios.

¿Cómo se te ocurrió incluir ese épilogo con que finaliza el libro?

FotoFernandoRueda-1

Fernando Rueda

Durante la escritura del libro yo no veía el enfoque. Tardé mucho en escribirlo porque no veía como hacerlo, por eso cuando mi editoria Blanca Rosa Roca me dijo: «¿por qué no haces un true crime?» Dije: «pues es esto». La posibilidad de contar la historia real con algunos elementos de ficción. Claro porque yo no podía contar una conversación entre Bernal y Martínez porque yo no sabía exactamente el contenido de esa conversación. Pero hubo un momento cuando lo estaba escribiendo que pensé: «vaya final va a tener este libro». Porque no es solo el asesinato, es lo que viene después. El olvido, las condecoraciones birriosas. Entonces decidí hacer un epílogo -lo cuento al principio del libro- que no está basado en hechos reales, sino que eran sensaciones que yo había tenido de que esto podría haber ocurrido, pero que no tengo ningún dato. Así que lo que hice fue la narración de lo que me gustaría a mí y a mucha gente que hubiera sido el final. En Twitter pusieron un comentario de que el epílogo les había fascinado. En realidad es porque era algo sorpresivo. Alguien dijo que el CNI podría haber actuado sin haber dicho nada. Entonces es esa idea y de ahí he creado ese final. Prefiero que el final sea ese y no el otro, que fue un desastre.

¿Cómo tomó la familia que investigases para escribir un libro?

Pues hubo de todo. Había algunos que yo ya sabía que nunca habían querido saber nada de esto, porque les dolió tanto… Este es un dolor que no es de los que se pueden superar, es una cosa tremenda. Me acerqué a familias, a amigos, a compañeros y algunos dijeron que no, pero otros dijeron que sí. En realidad es un tema de confianza. Lo que yo quería era hacer un homenaje a esta gente, porque cuando escribo este libro han pasado un montón de años y me doy cuenta de que estos héroes están en el olvido; que se les ha hecho algún pequeño reconocimiento, pero fuera del CNI se había olvidado. Incluso en el CNI que aunque sí habían hecho algo, no se les hacía los homenajes contínuos que yo creo que se merecían. Pero la sociedad había olvidado esta gesta. Eran unas personas normales como podiamos ser cualquiera de nosotros, que estaban haciendo su trabajo, como nosotros, pero que llegado el momento clave, entregaron su vida. La entregaron sabiendo que les podían matar… Podían haber huído, podían haberse salvado.

¿Crees que si esto les hubiera ocurrido a ingleses o franceses ya tendrían homenajes y hasta películas sobre ellos?

Que no te quepa ninguna duda. A lo mejor esta narración lo consigue -para los que consideran que el colmo del homenaje es una película- que se les haga. Son unos valores que a veces a la sociedad hay que explicárselos. Es decir, ellos no actuaban por ser de derechas o ser de izquierdas. Ellos actuaban porque era su deber, era su obligación. Es verdad que todos ellos eran militares y que tenían una formación desde muy jóvenes, pero es gente que se cría en la entrega y después en el CNI siguen. Luego cuando llega el momento de dar la vida por un compañero, de dar la vida por unos ideales, este es el ejemplo claro de lo que hacen.

No se valora realmente el trabajo de estos profesionales, que son gente normal.

Este libro… yo estoy especialmente contento -aunque no esté bien que yo lo diga- porque este libro refleja de una forma muy importante como eran ellos. Qué sentían, por ejemplo cuál era la relación con la familia, porque no es fácil estar allí y tener a tu familia tan lejos. Eran gente muy familiar la mayor parte de ellos y sufrían. Incluso cuento como era la relación con el servicio que a veces era buena y a veces no tan buena, porque el trabajo ya sabemos como es, que a menudo no nos reconocen el esfuerzo y eso nos amarga, ¿no? Esa parte humana, de sentimientos, de la capacidad de reírse… Los mensajes que enviaba Zanón a su mujer son auténticos… Como «mi jefe es un máquina, me llevo fatal con él». Pero luego llegado el momento, Zanón que era el que pensaban que era el que menos preparado estaba (que era verdad), sin embargo llegado el momento, no lo duda, se queda con sus compañeros. Aún sabiendo que lo van a matar, porque yo creo de todo corazón que él sabía que lo iban a matar, pero no iba a dejar a su compañero.

¿Cómo se consigue información de un espía? Aunque los periodistas y los espias se parezcan bantante.

Pues sí, los dos queremos enteramos de lo que no quieren que se sepa, solo que los periodistas lo queremos para contárselo al público y los espias para que no se entere nadie y sólo el gobierno… Esta es una larga tarea. Empecé en los años ochenta, cuando habían pasado años de la dictadura pero aún quedaba la sensación de que no se podía contar nada sobre los espías. Lo que hacíamos era levantar una investigación sobre un terreno del que nadie hablaba. Se parte de cero, porque cuando yo empecé el entonces CSID era un servicio secreto militar… Entonces se empieza a llegar a través de los militares pero también de los políticos que mandan sobre ellos. Y poco a poco tejes una red de confianza. Es verdad también que yo soy Fernando Rueda, y Fernado Rueda tiene una imagen como periodista de persona que no está en el poder; sino que está en el control social del poder. Eso ha hecho que a lo largo de los años muchos espías hayan recurrido a mí para contar historias porque sabían que yo las iba a contar. Llevando como llevo más de treinta años en esto, te mueves con una cierta solvencia, aunque ha sido muy duro.

¿Cómo clasificarías a nuestro servicio secreto?

Los servicios secretos habría que valorarlos -y esto es una cuestión previa- por las amenazas, que son enormes en un mundo como este. Los servicios secretos informan de todo, pero están especializados en determinados terrenos. Para hablar a nivel internacional, nosotros tenemos muy buena información por ejemplo del norte de África, porque es lo nuestro; y tenemos muy buena información sobre el terrorismo yihadista. Esa información la compartimos con otros servicios. Sin embargo tenemos información bastante flojita sobre China. China es un país tan enorme que se necesitan unos medios y un despliegue tremendo. Y ese despliegue lo tiene por ejemplo Estados Unidos. Entonces lo que hacemos es ofrecerles información sobre determinados países y ellos a cambio nos ofrecen información sobre otros países. Y así es como funciona. Pero te tengo que decir que España está en un altísimo nivel entre los servicios secretos. Hay un primer nivel que sería Estados Unidos, Rusia, China con unos servicios que están a años luz nuestro porque tienen unos medios enormes, pero nosotros estamos en un segundo escalón con Alemania, con Gran Bretaña. Nosotros somos muy buenos en muchas cosas.

¿Cuál crees que es el mejor servicio secreto actualmente?

Estados Unidos, China, Rusia dependiendo del tema. Israel también tiene muy buena información, solo que cada uno está en su terreno. El Mosad es muy bueno en temas árabes. En tecnología Estados Unidos y China son muy buenos, y Rusia también, pero España hace sus pinitos. En el final de ETA tuvo mucho que ver la capacidad del CNI de intervenir conversaciones telefonicas en el sur de Francia. Tenemos tecnología muy buena que hemos ido desarrollando, también con ayuda de Estados Unidos y Gran Bretaña. Esto nos pone en un nivel muy alto.

¿Y El Vaticano o es leyenda urbana?

El servicio secreto del Vaticano siempre ha tenido muy buena información entre otras cosas, históricamente, porque tenía sacerdotes y religiosos en todas partes. Eso les facilitaba la información que necesitaban para ellos y para otras cosas. Yo conozco a algún exagente de estos servicios secretos que considera que es uno de los mejores. No tienen medios tecnológicos como los otros, pero tienen una red de información muy buena.

¿Qué cualidades debería tener un espía?

Los perfiles son completamente distintos. Los agentes de campo como eran Martinez y Bernal. Luego los agentes operativos, que tienen una serie de capacidades para vigilar a la gente, entrar en edificios, hacer todo ese tipo de misiones. Luego están los analistas, que también aparecen en el libro, que son los que reciben la información. Porque claro, cuando el gobierno pregunta si Sadam Hussein tiene armas de destrucción masiva y la otra pregunta que les hacen es sobre la unión entre Sadam Husseim y Bin Laden, ellos tienen una fuente de información que son los agentes allí destinados, pero luego tienen otras fuentes de información que son satélites, otros servicios secretos… Lo que hacen los analistas es recopilar toda esos datos y hacer los análisis y los informes. Hay muchos tipos, pero por añadir uno muy importante, el centro criptológico nacional. Ahí básicamente están matemáticos, informáticos que desarrollan la capacidad de evitar que nos espíen, pero también para nosotros espiar. Es gente mucho más técnica.

En Destrucción Masiva aparecen reflejados.

En el libro se ven los tipos de espía que hay en todo el mundo, por ejemplo Jose Antonio Bernal y Alberto Martínez cuando llegan no son agentes operativos, o sea no son James Bond, son agentes de campo. Es decir, que están permanentemente controlados por el servicio secreto local en todo lo que hacen y ellos lo saben. En este caso por un servicio peligrosísimo como es la Mujabarat. Ellos tienen que mantener reuniones, buscar fuentes y para poder responder a las preguntas que les hacen desde Madrid, que es la información que necesita el servicio secreto y el gobierno español. Pero luego, cuando ya se ha producido la invasión, llegan otros agentes, como Baró y Vega, que esos sí son James Bond, son agentes operativos. Son gente que se han curtido y que cuando llegan se dedican a perseguir gente de Al Qaeda y su forma de actuar es buscar coches y cambiarles la matrícula… Ir de una forma muy discreta. Una forma de actuar que no tienen los agentes de campo, son de más acción. Llevaban muchos años haciendo eso. Eran superexpertos. Por eso me llamó mucho la atención cuando descubrí que Baró, que se dedicaba a perseguir a gente de Al Qaeda y a grupos terroristas yihadistas, hacía los seguimientos en taxis camuflados escuchando a Joaquín Sabina. Qué imagen tan perfecta de lo que es un agente operativo español.

¿Tú, que eres periodista, darías una visión del espionaje y autores como John le Carré, que fue agente, daría otra?

Él lo que hace es el espionaje del agente de campo. Es lo que él desarrolla. Sobre todo yo creo que John le Carré contribuyó mucho a normalizar a los espías, que son gente normal. Es un poco lo que yo quiero transmitir aquí, como son realmente los agentes, cuáles son sus debilidades, cuáles son sus ventajas, si sufren en la vida diaria, si tienen problemas con los hijos. Ese tipo de cosas. Eso es muy importante para entender realmente como son los espías.

¿Por qué crees que el gobierno no hizo caso de los informes de sus agentes en Irak?

Una de las pesadillas de los analistas sobre todo, pero de los espías en general, es que ellos saben mucho de un tema y pasan los informes al gobierno y luego los gobiernos actúan como les da la gana. Porque los gobiernos les añaden una cosa, la visión política que tienen. Entonces tú puedes darles información, pero al final ellos son los que deciden qué hacer y qué no hacer. En este caso, es muy llamativo, porque los agentes sobre el terreno informan que, hasta donde ellos saben, no hay armas de destrucción masiva. Entonces los analistas, con esa información y con otras, llegan a la misma conclusión: no hay armas de destrucción masiva, y más aún, llegan a la conclusión objetiva de que Sadam y Bin Laden son como agua y aceite, no tienen nada que ver. Sin embargo, el gobierno, Aznar, quería intervenir, aliarse con Bush, poner a España en un nivel internacional altísimo. El pago que tuvo hacer fue olvidarse de sus servicios secretos, creer lo que le decía Bush, creer los informes que le pasaban de la CIA y decir públicamente que sí había armas de destrucción masiva. Se produjo una gran contradicción y lo que fue más grave, después se demostró que eran falsos los informes de la CIA y tenían razón los del CNI. Creo que el libro contribuye a entender no solo una parte de la historia de España, sino a entender el acontecimiento -fuera del coronavirus- más importante en el mundo del siglo XXI. El que lo cambió todo. La intervención en Irak cambió el mundo tal y como lo conocíamos.

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