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Pedro Lechuga: «Fueron muy pocos periodistas y medios los que alertaron del peligro de lo que venía»

Miércoles, 21-10-2020          Mayte Bonilla Castro

Nos acompaña Pedro Lechuga Mallo, periodista y comunicador, es el decano del colegio de periodistas de Castilla y León. Presenta su libro Covid 19 – Periodistas.

¿Por qué decidiste escribir este libro, Covid 19 – Periodistas?

El principal objetivo que me llevó a emprender este proyecto literario es mi compromiso con la profesión periodística. Como sucede con el resto de disciplinas, la autocrítica constructiva debe ser uno de los pilares sobre los que apoyarse para conseguir mejorar día a día y de esta manera conseguir ofrecer a la sociedad un periodismo responsable y de rigor. Por esta razón, consideré interesante apostar por hacer una reflexión global para ya no sólo detectar aciertos y errores de los medios de comunicación y de los periodistas, sino de la propia ciudadanía y de los Gobiernos de los diecinueve países protagonistas del libro.

¿Qué criterio se ha seguido para elegir a los periodistas que participan en el libro?

Una vez elegidos los países que consideraba que iban a ser interesantes para el lector y que permitieran dar una visión mundial sobre la pandemia de la COVID-19, comencé la búsqueda de los periodistas que ejercieran de guía en este viaje literario y periodístico que planteo por los cinco continentes. Algunos de los periodistas son nativos, como es el caso por ejemplo de Turquía, Alemania o Italia, y en otros casos son periodistas de diferentes nacionalidades que ejercen en los países en cuestión. En cuanto a la manera de cómo he contactado con ellos ha sido muy variada. A algunos de ellos ya les conocía con anterioridad, otros son contactos que me han aportado otros compañeros y también en algunos casos he contactado con ellos a través de redes sociales tras hacerles un seguimiento de su trabajo diario.

¿Has descubierto algo que te haya sorprendido?

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Pedro Lechuga Mallo

Sin duda alguna. Para lo bueno o para lo malo, el lector no se quedará indiferente, ya que hay muchas lecciones que aprender sobre el comportamiento de periodistas, ciudadanías o Gobiernos de países que a priori consideramos de un nivel inferior al nuestro. La pandemia de la COVID-19 nos ha dado una cura de humildad. Por poner algún ejemplo, Portugal nos ha dado una lección en todos los sentidos, tanto en el tratamiento mediático de la pandemia sin crispación y desde la serenidad, así como la responsabilidad individual de los portugueses, ya que antes de que el Gobierno decretara el confinamiento cientos de miles de portugueses decidieron quedarse en casa.

¿Quién (o dónde) consideras que ha informado mejor sobre este tema?

En este punto y es uno de los aspectos en los que los periodistas debemos hacer autocrítica hay que decir que en la mayoría de los países, incluido el nuestro, en los momentos iniciales no estuvimos ágiles de reflejos y no fuimos capaces de poner en duda las versiones oficiales que decían que el impacto de la COVID-19 iba a ser residual. En ese momento teníamos que haber sido capaces de buscar otras fuentes científicas y médicas y aportar ambas versiones a la sociedad y de esta manera, cada ciudadano pudiera decidir como actuar en esos momentos iniciales. Fueron muy pocos periodistas y medios los que en un primer momento alertaron del peligro de lo que venía, aunque las fuentes oficiales dijeran lo contrario. Dicho esto, hay que reconocer que tras el error inicial los periodistas hemos cumplido con creces nuestra misión de informar y de ejercer con responsabilidad nuestra función de servicio público. Como en todos los sectores, ha habido alguna excepción en cuanto al tratamiento poco riguroso, pero en líneas generales creo que la mayoría de los periodistas han informado aceptablemente sobre la COVID-19.

Una conocida periodista me dijo en una ocasión que a la hora de informar «prima lo que impacta sobre lo que importa», ¿ha sido así en este caso?

Lamentablemente en muchas ocasiones es así y en el tratamiento de la COVID-19 también hemos podido ver este hecho. Lo que está claro es que las noticias o imágenes impactantes ‘venden’ más que informaciones más serenas, aunque éstas sean de gran importancia. Estoy seguro que en las facultades de periodismo y de comunicación audiovisual se estudiará a partir de ahora cómo se han comportado los periodistas durante la COVID-19 para precisamente determinar dónde están los límites entre lo que impacta y lo que importa. Pero ahí está el trabajo de un buen periodista, ser capaz de informar sobre lo que importa sin caer en el puro sensacionalismo. No siempre es fácil, pero es el objetivo.

Los medios de comunicación parecen haber sido víctimas de la prisa, de la competencia por ser los primeros en informar de algo y de tener que estar hablando constantemente de este asunto: los estudios científicos salen a la luz sin dar tiempo a la comunidad científica a contrastarlos; al no tener suficientes evidencias, los expertos (cada programa invita al suyo) se contradicen entre sí… ¿se hace autocrítica? ¿se intenta mejorar?

portada-covid-19-periodistas-segunda-edicionLo que está claro es que un fenómeno que se ha dado desde el inicio y que sigue presente es la sobreinformación. Hay una lucha diaria por informar sobre cifras de contagiados, estado del desarrollo de las vacunas e incluso de las fechas en las que las vacunas estarán listas. Esta saturación de información provoca en muchos casos la confusión entre la ciudadanía y la falta de credibilidad del periodismo, ya que un día se dice una cosa y al día siguiente la contraria. Lógicamente la actualidad cambia, pero los periodistas no debemos ser meros transmisores de la información. Nuestra misión es contrastar las fuentes y valorar de toda la información que nos llega cual es la que es interesante para la sociedad. Y en ocasiones, con tal de no quedarse atrás se cae en el error de publicar y dar difusión a todo tipo de informaciones sin pasar un filtro previo. Soy consciente de que es difícil y en ocasiones doloroso hacer autocrítica, pero insisto en que éste es el único camino para mejorar. Y cuando hablo de autocrítica, no hablo sólo de las redacciones, sino también y casi más importante de los directores y responsables de los medios de comunicación.

Al mismo tiempo se han ahorrado las imágenes más duras de las víctimas, con lo que mucha gente sigue pensando que esto no tiene importancia, ¿qué opinas?

El debate sobre la línea que separa el sensacionalismo del periodismo de rigor siempre ha estado vigente en nuestra profesión. En nuestro país este mismo debate se vivía con las imágenes sobre los atentados de la banda terrorista ETA. Lo que sí está claro es que salvo alguna imagen concreta que mostraba la crudeza de lo que estábamos viviendo, los medios de comunicación no han difundido imágenes impactantes sobre lo que estaba pasando. Son muchos los fotoperiodistas y cámaras de televisión que han denunciado que no han tenido ningún tipo de facilidades para captar la realidad de lo que estaba ocurriendo para transmitirla a la sociedad. Incluso son muchos los profesionales médicos que dicen que les hubiera gustado que la gente viera lo que realmente se estaba viviendo en las UCIs, para conseguir sensibilizar sobre la gravedad de la COVID-19. Es evidente que al menos en nuestro país millones de personas tras el desconfinamiento no se han comportado de manera responsable y esto está provocado quizás por el ‘buenismo’ de los medios de comunicación y su decisión de no mostrar imágenes más duras e impactantes. En otros países de los que aparecen en el libro han hecho precisamente lo contrario y han utilizado imágenes dramáticas de otras naciones para concienciar a la población. Echando la vista atrás y con la ventaja que eso supone, sí que creo que quizás hubiera sido más positivo para la sociedad en su conjunto que la ciudadanía hubiera tenido acceso a imágenes más duras de lo que estaba pasando en hospitales, residencias de ancianos, etc.

Tuviste problemas al intentar publicar este libro con Amazon…

Incompresiblemente así fue. El día antes de comenzar la venta en Amazon me enviaron un correo diciendo que mi libro no cumplía con sus pautas de contenido y que por lo tanto no podía publicarlo. Dichas pautas de contenido indican que en relación a la COVID-19 sus clientes sólo debían tener acceso a las fuentes oficiales. Esta premisa parte del error inicial de pensar que fuente oficial es sinónimo siempre de veracidad. Y por otro lado, si aceptamos esta postura de Amazon nos encontraremos viviendo en un país en el que los medios de comunicación sólo puedan difundir fuentes oficiales, por lo que los periodistas sobramos. El lector de Covid-19-Periodistas podrá leer con detenimiento cómo se articula la sociedad china, en la que precisamente sólo se difunden las fuentes oficiales. ¿Queremos realmente vivir en una sociedad como la de China?

¿Cómo has vivido el confinamiento?

Aunque suene raro, tengo que decir que durante los meses de confinamiento es el periodo de mi vida en los que más carga de trabajo he tenido. Por un lado, he ejecido mi función de responsable de comunicación de dos hospitales y por otro emprendí dos proyectos periodísticos. La redacción y publicación de Covid-19-Periodistas y la emisión del programa de radio Todo saldrá bien dirigido a las personas mayores. Por lo tanto, han sido meses muy duros de trabajo pero también de gran satisfacción personal, ya que es en momentos excepcionales como estos, en los que cada uno debe dar lo máximo de sí mismo y de este modo contribuir a la mejora de la sociedad.

¿Tienes algún otro proyecto en marcha?

En la actualidad estoy inmerso en la promoción del libro, presentándolo por toda España. Además, mi objetivo es llegar también a las universidades con diferentes actividades para contar a los futuros periodistas las reflexiones aportadas por los diecinueve periodistas del libro y también y no menos importante, escucharles y conocer cómo ellos ven el periodismo realizado durante la pandemia. Asimismo, estoy valorando en hacer una segunda parte del libro que quizás comprenda desde la actualidad hasta que por fin se consiga dar una solución a la pandemia de la COVID-19.

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